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La Alelopatía y la Asociación de Cultivos




La alelopatía es la influencia directa de un compuesto químico liberado por una planta (aleloquímico) sobre el desarrollo y crecimiento de otra planta y micro-organismos. 

Estas sustancias pueden ser liberadas al medio ambiente por diferentes vías:
  • Por el aire debido a una volatilización
  • Por lixiviación (líquido resultante del paso de agua sobre la planta)
  • Por tierra a través de exudado de las raíces o por descomposición de la planta.

No debemos olvidar que las plantas viven en comunidad así que en ocasiones las relación con las plantas vecinas son tan molestas que hasta se vuelven dañinas y en otras son tan majas que les ayudan a crecer mejor.  

Gracias a  lo que llamamos alelopatía sabemos por ejemplo que si cultivamos una espinaca cada 4 lechugas éstas serán más jugosas o que  si cultivamos tomates con albahaca éstos tendrán una mayor producción, además de ver la evolución de la ensalada italiana más conocida en vivo y en directo

Pero como hemos dicho antes las relaciones también pueden ser tormentosas, de manera que la acción de estas sustancias puede actuar de manera negativa en uno o más de uno de los procesos fisiológicos de la plantas vecinas. ¿Y por qué ocurre esto? Pues se piensa que es para reducir la competencia con plantas de requerimientos ecológicos similares.
¿Queréis una aplicación práctica? es posible controlar malezas o al menos ayudar en su control utilizando plantas con actividad alelopática inhibitoria. Un ejemplo en la vida real son los eucaliptos que emiten 1.8cineol, una sustancia que inhibe ciertas hierbas.

De la misma manera estas sustancias no solo interaccionan con las plantas vecinas, sino que también lo hacen con insectos y hongos como estrategia de  defensa. Por lo tanto son interesantes en sistemas de control fitosanitarios.

Es por esto que la asociación de cultivos por principios alelopáticos está a la orden del día especialmente en cultivos ecológicos, ya que es precisamente en este tipo de cultivos donde se intenta alterar el medio lo menos posible evitando el uso de químicos de síntesis como uso herbicida, insecticida o fertilizante.

En la asociación de cultivos podemos diferenciar 3 tipos de plantas según su uso:
  • Plantas acompañantes 
  • Plantas antagónicas
  • Plantas repelentes
  • Plantas trampa
Tipos de Plantas en la Asociación de Cultivos


Son aquellas cuyos aleloquímicos liberados producen un efecto positivo en otras plantas. Algunos de estos efectos positivos pueden ser:
- Aumento de la concentración de aceites esenciales (la milhojas (Achillea millefolium) aumenta la concentración de aceites esnciales en las plantas que la rodean)
- Aumentar la producción (la borraja (Borago officinalis) es un buen estimulante)
- Intensificar sabores (una vez más la borraja potencia el sabor de los tomates)
- Corregir deficiencias en algunos elementos (de todos es sabido el aporte de nitrógeno que proporcionan las leguminosas al suelo gracias a sus micorrizas)

Su propio nombre lo indica, son plantas que cultivándolas juntas no se hacen ningún bien sino más bien todo lo contrario. Y es que esas mismas sustancias que a algunas plantas favorecen a otras les perjudican.
¿queréis algunos ejemplillos? nunca plantéis juntas la albahaca (Ocimum basilicum) y la ruda (Ruta graveolens) o salvia (Salivia officinalis) y pepino (Cucumis sativus), y el hinojo (Foeniculum vulgare), eneldo (Anethum graveolens) y anís (Pimpinella anisum), mejor no plantarlo en la huerta por si acaso, ya que genera efectos adversos en muchas plantas.

La característica de estas plantas es la de mantener alejados a ciertos insectos (a veces el efecto es sobre un solo insecto y otras sobre varios). El efecto puede llegar a percibirse a distancias nada despreciables.
Algunos ejemplos serían la menta (Mentha piperita) y tagetes (Tagetes patula) contra los pulgones o la caléndula (Calendula officinalis) contra muchos tipos de insectos.

Se trata de plantas que atraen a los insectos y que se utilizan para desviarlos hacia ellas y evitar que ataquen a otras plantas donde éstos no serán bienvenidos.
Pero ¡ojo! hay que saber utilizarlas o hacerlo cuando se vean los primeros síntomas de ataque, no vayamos a atraer de forma gratuita nuevas plagas a nuestras plantas. Un ejemplo típico es utilizar las capuchinas (Tropaeolum majus) para atraer los pulgones

Por hoy hemos llegado al final pero no al fin, porque continuaremos contándoos las bondades de la asociación de cultivos. Os presentaremos tablas de las diferentes plantas para que os sea lo más claro posible.



Plantas de cada día; la olivarda (Dittrichia viscosa)


    Llevaba tiempo detrás suyo, no en vano es una de las plantas más exitosas de los baldíos (y para desesperación del ayuntamiento, también de numerosos alcorques y zonas ajardinadas) del lugar en el que vivo. Y por mucho que es bastante característica, el maravilloso mundo de las copuestas y sus claves dicotómicas hacen que cualquier pequeña labor tienda al infinito, y más allá. En concreto en este desesperado caso, tras consultar numerosos tratados filosóficos y diferentes libros al uso, necesité exactamente el tiempo suficiente para caer en la cuenta de preguntar a mi padre, quien me contestó con un sonoro y rotundo "pues una mosquera, claro, qué va a ser".

   La olivarda o hierba mosquera (Dittrichia viscosa). Una planta que deberíamos conocer y nunca olvidar, porque es realmente interesante, y guarda en su anonimato multitud de sorprendentes propiedades, adaptaciones, y posibles usos. Su complicado nombre científico alude al botánico alemán Manfred Dittrich, aunque no es éste el único nombre científico que ha tenido. También se le ha citado no hace mucho como Inula viscosa, aludiendo el epíteto "Inula" a Helena de Troya, ya que cuenta la leyenda que de la tierra donde cayeron sus lágrimas brotaron flores de esta planta. Por su abundancia, mucho debíó llorar Helena el día que la raptó Teseo, pero no es de extrañar porque los griegos antíguos eran unos expertos en lo que a tragedias se refiere.
 
El rapto de Helena de Troya (vía)
   Lo que sí que tienen en común los diversos nombres científicos de los que ha dispuesto es el término "viscosa", originaria de la palabra latína "viscum", en referencia a al tacto de sus hojas que resultan ser alternas, lanceoladas u oblongas, perennes, apuntadas y sin peciolo, ligeramente dentadas, tomentosas en el envés y por supuesto pegajosas, llenas de pelillos glandulares que exudan dicha sustancia pringosa. Esta segregación química además de hacerla poco atractiva y digestiva, al caer al suelo inhibe la germinación de otras plantas vecinas que pudieran competir en las primeras etapas de crecimiento y expansión. Algo que nos recuerda al ládano de la jara pringosa (Cistus ladanifer). Incluso más allá, al igual que aquella, esta planta está perfectamente adaptada a la presencia del fuego. De hecho, es considerada pirófita, y arde con facilidad fomentando el fuego a sabiendas de que sus semillas, rodeadas de una dura cutícula, resistirán fácilmente las altas temperaturas y fructificarán abundante y profusamente tras el incendio, comportándose como una especie verdaderamente pionera y colonizadora del nuevo medio acontecido, en lo que para otras muchas especies menos adaptadas supondría su desaparición.

Es considerada pirófita, fomentando y aprovechando la presencia del fuego.
   No deja de ser esta una sorprendente medida de resistencia ante posibles competidores o ante su depredación por parte de herbívoros (que la rechazan invariablemente por muy hambrientos que estén), pero no es la única. La olivarda emite también un cierto olor parecido al de las cistáceas, peculiar, en todo caso poco agradable o incluso repelente para sus posibles consumidores. Además, esta herbácea consigue llegar a cierta altura, superando el metro y medio, y creando rodales con una base leñosa semiarbustiva que posibilitará una mayor impenetrabilidad, resistencia y envergadura.

La olivarda resulta una planta poco palatable para sus posibles consumidores.
   Es además una planta excepcionalmente adaptada a vivir en terrenos pobres, secos y soleados, resistiendo amplias variaciones de temperaturas. Sus tomentosas hojas evitan la excesiva transpiración, y su brillante cutícula, recubriendo la epidermis foliar, consigue reflejar el exceso de radiación solar no necesaria.

Detalles morfológicos foliares.
   Sus flores liguladas, de un delicado color amarillento dorado, son característica inequívoca de la familia de las compuestas (asteráceas). Lo que vulgarmente llamaríamos flor es en realidad un gran conjunto de flores agrupadas en capítulos, que a su vez se reunen en cabezuelas o panículos.
Sus pétalos ligulados nos hacen ver que estamos ante una planta de la familia asteraceae.
   Además, tiene un largo y abundante periodo de floración, que comienza en el mes de julio pero se prolonga sin interrupción hasta el invierno, no siendo raro verla llenando de color los bordes de caminos y suelos alterados allá por el mes de diciembre. Esta apuesta por la floración tardía forma parte de una exitosa estrategia que tiene como fin aprovechar la escasez de competencia, aportando además indirectamente un sustento vital para numerosas especies de insectos polinizadores, y atrayendo con ellas también insectos depredadores y beneficiosos para los huertos, tales como los chinches (Nesidiocoris tenuis, género Dicyphus, y gran variedad de insectos pertenecientes a la familia de los míridos, que depredan entre otras las polillas del tomate o la araña roja).

Nesidiocoris tenuis (izquierda) y Dicyphus discrepans, en plena faena (vías 1 y 2)

   Un huésped destacable en la época primaveral sería el mírido Macrolophus caliginosus, feroz depredador de la mosca blanca entre otros. Por todo ello esta planta silvestre es perfecta para tenerla cerca tanto en huertos de exterior como en invernaderos, en los márgenes o divisiones de estos aunque siempre de forma controlada. Su asociación con cultivos de cucurbitáceas (calabazas, calabacines, melones, sandías, pepinos, lufas...) y solanáceas (patatas, tomates, berenjenas, pimientos, petunias, tabaco...) se considera especialmente beneficiosa. Es aconsejable acometer su siembra en filas con un marco de 45 centímetros, en la estación otoñal.
Macrolophus caliginosus, alimentándose de la araña roja (vías 1 y 2)

   Especial relación guarda la olivarda con los olivos (a la cual podemos atribuir su más difundido nombre vernáculo), ya que da cobijo invernal al himenóptero Eupelmus urozonus, enemigo natural de la mosca de la aceituna (Bactrocera oleae). Aunque la lucha integral se toma su tiempo y habrá que tener paciencia para ver los efectos que genera el fomento de la olivarda ante una plaga de mosca de la aceituna, ya que se habrá de completar un ciclo completo de cuatro a cinco años. Su relación simbiótica es como un martillo pilón; lenta, pero tremendamente eficaz. También se ha comprobado su eficacia en asociaciones de cultivos con cítricos (contra la Phyllocnistis citrella), así como con encinas (contra la Ischeria ekebladella).

Hembra del himenóptero Eupelmus urozonus (arriba a la izquierda), su presa la mosca de la
aceituna Bactrocera oleae (a la derecha), y una aceituna afectada por esta última (vías 1, 2, y 3)

   A la abundante y contínua floración le seguirá una increíble multitud de semillas que, ayudadas por sus plumosos vilanos, se esparcirán con el mínimo soplo de viento para conquistar así nuevos y lejanos territorios. Y quizá sea este el factor que mayor éxito evolutivo le haya supuesto, para disgusto de muchos que intentan erradicarla. Porque aunque su origen es propio de la cuenca mediterránea, su increíble capacidad de adaptación a medios difíciles y la fácil dispersión de sus semillas, han hecho que la olivarda haga acto de presencia en prácticamente todos los continentes allá donde haya un medio apropiado para ella, lo que (recordemos que no es muy exigente) le ha llevado a ser catalogada de planta invasora a erradicar, y casi imposible de controlar a gran escala, para evitar su expansión en detrimento de otras especies locales.
Vistosa floración, que llena de color los bordes de camino a finales de otoño y principios de invierno.
   Una planta tan especial no podía haber pasado desapercibida por la mano del hombre. Nombres comunes como el de "altabaca", "pulguera" o "hierba mosquera" ya nos dan un indicio de que es un buen insecticida, para lo cual se colgaba la planta de los techos de las casas, para que las moscas u otros insectos poco deseables quedaran atrapadas en sus hojas viscosas. Idéntico procedimiento se realizaba en establos, en los que se mezclaba en las camas del ganado para que actuase de atrapapulgas. También en algunos lugares se quemaba lentamente su parte aérea para que el humo resultante y su especial aroma espantase moscas y mosquitos. Sus hojas secas se han utilizado para fumar, además de útil herramienta para eliminar los pinchos de los higos chumbos tras un fuerte barrido.

Sus flores secas, una vez caídas las semillas, son apreciadas en composiciones florales.
   Tan destacable como actual es su uso como corrector de suelos contaminados. En este aspecto, la apenas conocida olivarda se ha ganado un puesto de honor en la lista de las plantas utilizadas para extraer y acumular en su sistema radical y parte aérea metales pesados tales como el mercurio o el plomo. Todo un récord a sumar a la multitud de aplicaciones que esta pequeña y desconocida planta nos brinda.

Su abundante fructificación le asegura una exitosa reproducción.
   También resulta ser una planta muy apreciada por la medicina tradicional, seguramente debido a las propiedades balsámicas y antisépticas dadas por la presencia del eucaliptol. Así, es bien conocida la infusión de sus hojas como remedio para las molestias de la artritis o el reuma. Para ello, habrá de tomarse dicha infusión en ayunas dos veces por semana, aunque nunca en más cantidad ya que la planta puede resultar tóxica. También es un buen vulnerario, siendo su cataplasma apta para lavar y favorecer la cicatrización de heridas, quemaduras y contusiones. Tiene propiedades analgésicas (utilizada contra el dolor de muelas) y diuréticas, además de ser un buen remedio para casos febriles (antipirética) y haberse usado también para expulsar gusanos intestinales. En el norte de África se ha usado de forma efectiva como remedio contra el paludismo y algunas enfermedades urinarias. Es también astringente y antidiarreico, aunque como decíamos su uso por vía interna puede acarrear complicaciones y no está recomendado por su toxicidad. En todo caso, no se recomienda su ingesta sin la supervisión médica oportuna.
Flores en su estado terminal, dando lugar a los vilanos, sus plumosos frutos.

   En realidad su aplicación actual va mucho más allá de las aplicaciones tradicionales. Diversos estudios tienen depositadas en la olivarda grandes esperanzas, al ser esta una fuente natural para la obtención de inhibidores de la vasodilatación neurogénica, lo que tendría una aplicación inmediata en casos de migraña y distintos tipos de cáncer. También se han detectado efectos inhibitorios contra el virus del SIDA, hepatitis B y C, llegándose a patentar composiciones antivirales en las que la distintas fórmulas estaban compuestas de extractos de olivarda, entre otras especies vegetales.

   Sin duda todo un monumento viviente a la adaptabilidad, que sin embargo adorna anónima de bellas flores los invernales campos abandonados, márgenes de caminos y zonas alteradas.

La olivarda ha venido siendo usada como atrapamoscas por el hombre,
aprovechando la viscosidad de sus hojas.

   Podría confundirse con la Olivardilla u Olivardo (Dittrichia graveolens), con la cual de hecho coexiste y comparte periodo de floración, aunque en este caso  tiene hojas lineares, lanceoladas, casi imperceptiblemente dentadas y algo más pequeñas. Tras la desecación, sus flores, también de menor tamaño, tornan en púrpura.  En general tiene porte herbáceo, careciendo de base leñosa. 
 
La olivardilla (Dittrichia graveolens, vía)

Plantas de cada día; los zapaticos de la virgen (Sarcocapnos enneaphylla)

   Los zapaticos de la virgen, orejas de ratón, hierba de Santa Lucía o matapiojos (Sarcocapnos enneaphylla) son unas curiosas plantas rupícolas de la familia papaveraceae, que engloba entre otros los géneros Romeria, Fumaria o Papaver (las bien conocidas amapolas), aunque a simple vista en nada se parezcan entre sí. Es endémica del centro y este de España (aunque puntualmente también presente en el norte de África), así como de los Pirineos orientales donde puede verse creciendo en grietas, muros y paredes antiguas, sobre todo si éstas están hechas de piedra caliza. Gusta de ambientes soleados o a medio sombra aunque nunca excesivamente secos, así como de sustratos básicos o levemente nitrificados.

   Es una planta anual o perenne a la que, aunque puede florecer durante casi todo el año (de febrero a octubre), es más común ver en floración durante la primavera, entre los meses de marzo a junio. Los pétalos de color blanco que se torna a amarillo y rosado, forman una estructura tubular de aproximadamente un centímetro, con un pequeño espolón en cada flor, característica por la cual le ha valido el nombre vulgar de "zapaticos de la virgen". Además, dichas flores zigomorfas se agrupan en inflorescencias con forma de racimo (corimbos).

   Aunque tiene una enorme variabilidad intraespecífica, en la que dependiendo de la orientación y exposición de la planta podrá tener muy diferentes características en el tamaño de sus hojas, tallos y porte en general, podemos decir que es una hierba de entre 10 y 20 centímetros, glabra, cespitosa y muy ramificada, confiriéndole un porte almohadillado y algo azulado. Sus hojas son carnosillas de un color verde glauco, largamente pecioladas y con forma ovalada o acorazonada apuntada, semejante a las orejas de los ratones. A menudo también divididas en dos o tres grupos de tres foliolos, de ahí el nombre de S. enneaphylla, que viene a significar "nueve hojas". Los tallos en su base pueden ser leñosos, aunque en el resto de la planta son igualmente carnosos y flexibles. Sus frutos, aquenios, asemejan unas discretas cápsulas aplanadas.
   Por su especial ecología, los zapaticos de la virgen suelen habitar lugares dispersos pero inaccesibles tanto para personas como para el ganado, aunque si bien es cierto que en los últimos tiempos se está empezando a denotar una cierta tendencia al envejecimiento de las distintas poblaciones.

   Es también una planta con usos medicinales, habiéndose utilizado popularmente su parte aérea contra dolencias tan dispares como la pulmonía, el mal de oído o las piedras del riñón, siendo eficaz para la disolución de cálculos renales.

Plantas de cada día; el pepinillo del diablo (Ecballium elaterium)

   El Ecballium elaterium (pepinillo del diablo) es una herbácea perenne algo fétida y sabor agrio. Su género (con una sola especie) es el único miembro de la familia de las cucurbitáceas que no tiene zarcillos, a diferencia del melón, la sandía, el pepino o la calabaza. Tiene una distribución mediterránea, tanto por el sur de europa como norte de áfrica, y siempre buscando zonas nitrófilas cercanas a caminos, escombreras, o bordes de cultivo.

   El nombre del género deriva de la palabra griega "ekballion" que significa "arrojar o expulsar", en clara referencia a cómo sus frutos ante el más pequeño roce se abren de forma explosiva, dispersando el líquido interior a presión junto con las semillas que contiene a largas distancias.
   Toda la planta está densamente cubierta de pelillos como adaptación para superar los tiempos de sequía, y sus hojas son carnosas pero ásperas, grandes, triangulares, e irregularmente dentadas. En sí misma toda la planta tiende a crecer de forma rastrera, no sobrepasando los 30 centímetros de altura aunque ocupando grandes manchas de hasta cinco metros de diámetro. Sus flores (solitarias las masculinas y en grupos las femeninas aunque su disposición puede variar según la subespecie, pero siempre dispuestas axilarmente a las hojas) tienen forma acampanada, con la típica forma de las cucurbitáceas, amarillas y con cinco pétalos, comenzando el periodo de floración en el mes de mayo y prolongándose durante todo el verano.

   Quizá lo más característico sean sus turgentes frutos, semejantes en forma a un huevo erizado y largamente pendulado por su parte superior, que alcanzan una longitud de cuatro a siete centímetros. Durante la fructificación el fruto se va hinchando hasta llegar a una tensión hidroestática máxima en la que, al menor roze e incluso por acción del mero viento, hace explotar el fruto dispersando las oscuras semillas de su interior a través del pequeño orificio en su extremo que deja libre el pedúnculo al ser expulsado. Con la dispersión a larga distancia (alcanza hasta tres metros), la planta logra colonizar nuevos terrenos, y evita a su vez la competencia intraespecífica.
   Aunque es componente de distintos medicamentos, se trata de una planta altamente tóxica debido a los principios activos que contiene en toda la planta (cucurbitacina y elaterina entre otros), aunque especialmente en sus frutos, y aunque su concentración varíe mucho también estacionalmente (más activa durante la fructificación), no se aconseja bajo ningún concepto su uso interno, ya que además de ser abortivo y producir hemorragias, diarreas, irritaciones en el tubo digestivo y sistema renal, en grandes dosis puede ser mortal. Hecho que ha hecho volar la imaginación de propios y extraños; se data en 1888 un trabajo de un tal Dr. Dickson en el que relataba cómo la sola presencia de un poco de esta planta fresca bajo el sombrero, era ya fuente de profundas jaquecas, cólicos y diarreas.

   Pero podemos remontarnos mucho más lejos; hay escritos que revelan que ya en la época de los faraones del Antiguo Egipto, así como en las antíguas civilizaciones griega y romana, se venía utilizando esta planta internamente como un fuerte purgante para casos de envenenamiento. En poblaciones esteparias se ha constatado su uso tradicional para hacer friegas en las partes atacadas por el reuma con el aceite resultante de freír sus frutos. Y ya en la tradición popular más moderna se ha utilizado además como diurético, así como para casos de obesidad o cirrosis. También fué extendido su uso en forma de cataplasma como remedio para el reúma, lo que resulta menos peligroso ya que no conlleva su ingestión, y actualmente y de manos de la ciencia se está estudiando la aplicación de su citotoxicidad para casos de cáncer gástrico y de esófago. Pero, como ya dijimos anteriormente, su fuerte toxicidad hace de su uso particular algo desaconsejado y extremadamente peligroso.
 
 
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