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Jardín-museo Albert Kahn ( Boulogne, Isla de Francia)


¡Hola!
Hablar del jardín  de Albert Kahn, es hablar de un viaje alrededor del mundo 
y en breve entenderéis por qué...


El jardín, o mejor, los jardines de Albert Kahn reflejan la vida y las ganas de descubrir el mundo de este personaje, es por esto que se hace obligatorio una rápida introducción de su vida.

Albert Kahn (1860), de origen judío y natural de la zona francesa de los Vosgos lindando con Alemania, hijo de un comerciante de animales y una ama de casa. Trabajó a su llegada a París en un banco como empleado al mismo tiempo que estudiaba letras y ciencias. Con 38 años su olfato para los negocios  dio lugar a la fundación de su propio banco de negocios, el banco Kahn. Pero a pesar de este don o habilidad para hacer dinero, Kahn no se sentía agusto en ese tipo de ambiente.

Pronto comenzó a trabajar por lo que él llamaba paz. Su riqueza sirvió para crear numerosas instituciones para favorecer la comprensión entre los pueblos y la colaboración internacional. Sus becas "alrededor del mundo" ofrecieron la posibilidad a futuros profesores de poder viajar y descubrir las realidades del mundo. Creó también un laboratorio de biología, un centro de medicina preventiva y otros muchos centros de geografía social. 

Pero a la edad de 69 años recibió uno de los golpes más duros de su vida, su banco registró su primer déficit y así continuó hasta llegar a la banca rota. Sus propiedades tuvieron que ser vendidas y subastadas, con la gran fortuna que el departamento de Hautes-de-Seine pudo hacerse con su residencia principal y con sus maravillosos jardines convirtiéndolos en lo que a día de hoy es el jardín-museo departamental Albert Kahn de Hautes-de-Seine.


Albert Kahn, gran amante de la naturaleza y viajero apasionado quiso reflejar ambos placeres en sus jardines. Se inspiró en los estilos hortícolas de su época para la composición de las diferentes escenas paisajísticas. Su idea era la de mezclar estilos de manera que al final se obtuviera un conjunto armonioso que diera lugar al ideal de la paz universal.

Así podremos imaginar desde la ceremonia del té en una aldea japonesa, pasando por los juegos de pelota en la pradera de un jardín inglés hasta llegar a la rosaleda donde María Antonieta habría podido realizar uno de sus famosos festines. También pasearemos por un trocito de la selva negra para llegar a un bosque que bien podría ser merecedor del título de bosque lunar, ya veréis por qué.

 El Jardín Francés 
 Dos paisajistas de renombre ( (Henri y Achille Duchêne) se encargaron del jardín francés. Éste ocupa el núcleo central de la parcela en reconocimiento al país de origen de Albert Kahn. Está dividido en tres partes: los parterres simétricos el palmarium y el jardin frutal-rosaleda.
Como todo jardín francés la dureza de la geometría es la tendencia predominante, el hombre domina a la naturaleza guiándola por el camino que éste quiere que siga.
Los árboles que rodean los parterres están podados en forma de prisma, los frutales guiados pierden una dimensión para dar lugar a planos, los rosales forman arcos y pasillos...

  El bosque azul  

Una vez fuera del jardín francés, comenzamos a darnos cuenta del inicio de nuestro viaje. Las primeras especies "extranjeras" se nos aparecen en el camino, cedros africanos de colores azulados forman el llamado bosque azul. He de reconocer que esta parte fue la que más sensaciones me provocó, era verdaderamente algo diferente, nuevo. Una ingeniera de montes rodeada de árboles azules, era simplemente genial. Sin duda, algo a tener en cuenta para cualquier paisajista que quiera causar un golpe de efecto.

  La pradera y el humedal  
Saliendo del jardín azul, nos encontramos en la zona de la pradera con un par de pozas artificiales

  El bosque de la región de Los Vosgos  

Como ya os comenté el origen de Albert Kahn se encuentra en la zona de los vosgos al noreste de Francia, lindando con Alemania y no muy lejos de la selva negra. Por esta razón el bosque característico de esa zona no podía faltar.  Tres pisos de vegetación  fueron recreados incluyendo los tipos de suelo y la orografía (¡se necesitaron 10 000m3 de tierra para poder crear el relieve!), tanto la vertiente alsaciana con sus carpes y avellanos como la lorena con sus abetos y piceas. Ambos se unen gracias a macizos de hayas. 
Este bosque fue el reto personal de Albert Kahn, todo fue idea suya, hasta la disposición de las rocas graníticas que acompañan a un pequeño arroyo originarias cada una de ellas de la región que le vio nacer. Los amigos que venían de la zona de los vosgos quedaban ensimismados por el realismo de su jardín. He de reconocer que paseando por allí no me daba la impresión de estar a no más de un cuarto de hora de la Torre Eiffel, si no más bien de estar paseando por alguna ladera alpina.


  El jadín inglés  

Un riachuelo serpenteante envuelve este jardín, donde el objetivo a diferencia del jardín francés es la búsqueda de "lo natural". Arboles no podados nos dan la bienvenida con el porte que la naturaleza se encarga de darles, praderas con flores silvestres, un roquedo con puente...


Continuando el camino, un portalón japonés nos anuncia la próxima visita: el jardín japonés.
La primera parte de este jardín se ciñe  a los objetivos fijados por Albert Kahn. Dos viviendas tradicionales desmontadas fueron importadas desde Japón, una de ellas,  el salón de té, fue regalo de la escuela Uraseke de Kyoto. Ambas están completamente abiertas al exterior. Tanto rocas como vegetales están pensados de manera que parezca que se está en una gran espacio. Los vegetales están cortados en forma de "nubes" para permitir que la mirada pueda atravesarlos para seguir contemplando el paisaje.
 

Una vez pasada la pequeña aldea japonesa, llegamos a la zona más nueva del jardín. El jardín japonés moderno, realizado en los años 90 por el paisajista japonés Fumiaki Takano. Aquí, nada se deja al azar, todo responde a una simbología. El curso de agua que recorre el jardín es una metáfora de la vida de Albert Kahn: al principio agitado y tumultuoso, volviéndose calmo al terminar en una espiral, símbolo de la vuelta a empezar de la existencia. 
El simbolismo recae sobre tres ejes esenciales:
- El eje de la vida (Yang) simbolizado por el río y por las construcciones cónicas en relieve.
- El eje de la muerte (Yin), representado las construcciones en cono invertido.
- El eje femenino- masculino representado por el haya y el cedro
Estos símbolos responden al principio fundamental del Tao, el de la complementariedad en la oposición para formar un todo.


He de decir que cada ambiente me despertó sensaciones diferentes. No podría decir cuál es el que me gustó más porque todos ellos fueron increíbles, unos por su realismo, por poder hacerme escapar del entorno urbano, otros por hacerme sentir como ciudadana de otro planeta, otros por la belleza, delicadeza y detallismo extremo que convierte en realidad el dicho de querer es poder.

Un espacio en las inmediaciones de París que aunque algo desconocido merece el mayor de los reconocimientos. Es sin duda un lugar de visita obligada.

Antes de terminar, os preguntaréis, pero... el título del post es jardín-museo ¿y el museo?, bien, en el recinto se encuentra también el museo donde se explica con detalle la vida y obra de Albert Kahn. Innumerables fotografías de los viajes tanto de él mismo como de los beneficiarios de sus becas de viaje alrededor del mundo nos ilustran cómo eran otras culturas. Curioso y entretenido en iguales proporciones.



Para más información pincha aquí

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